Cuando esos dieciocho años sin campeonar se hacían un lastre fatal en la hinchada, muchas de las explicaciones fueron que existía una maldición sobre Matute. Se habla de un gato negro enterrado por algún hincha rival. De un obrero despedido malamente por Walter Lavalleja, que por venganza arrojó sal en la mezcla con que levantarían las tribunas. El hecho es que no se explicaban el por qué de tanta mala suerte. Hasta que se campeono el 97. Y no solo fue una, sino varias veces, el 2003, 2004, 2006.
Hoy, como ayer, se viene esa explicación después del partido del domingo contra Sullana. Es que de tanto perder la ocasión de anotar, lo único que quedaba al hincha era echarle la culpa a la falta de suerte o a una maldición que había cerrado el arco para el gol.
Pero no todo es cuestión del azar. Porque el primer tiempo fue una sinfonía al aburrimiento, a la falta de ganas. Da la impresión de que Alianza juega para la visita. Le da la iniciativa y el ?ánimo, con un juego falto de actitud. Como si fuera visitante con estadio propio. Quizás la presíón por sacarse la mala racha los desconcentre, pero entonces ?por qué el segundo tiempo fue distinto?
Siempre se escucha entre los viejos tribuneros que no hay equipo que resista noventa minutos sin recibir un gol. Y, pues, esta vez cuarenta y cinco minutos quedaron chicos para un Alianza que ultimamente parece bipolar, con doble personalidad, que pasa de la languidez a la euforia entre tiempo y tiempo.
Si no que ese segundo tiempo diga lo diferente que fue en relaci?n al primero. A pesar del desorden la actitud cambi?, los jugadores reci?n se dieron cuenta de que los c?nticos eran a su favor, que las camisetas de las cuatro tribunas, eran las de ellos, que las banderas llevaban los colores que defendían. Y se fueron con todo. No había un patrón de ataque, pero si un patrón de ganas. Y con eso pudieron llegar. Una y otra vez que ya parecía una repetición de televisión. Cada llegada se estrellada con la imprecisión, acompañada del grito ahogado del pudo ser.
Aguirre que se lleva a tres, como los jugadores de antaño, y remata casi sin ver, como los jugadores de hoy, mandándola afuera. Raspando ese travesaño que se había convertido en una especie de zaguero central del Sullana, porque luego vendría otra jugada del zorrito que se estrella en el mismo madero. Pero, el rebote llegaría a los pies de Fernandez, como si fuera un guiño cachasiento, para la desesperación íntima. A pesar de estar a un metro, el rebote lo agarra en mala posición y en su apuro por anotar, saca un tiro desviado. La más fácil se hacía la más difícil. Y en las tribunas se dibujaba en cada rostro la interrogante: ?Que chucha esta pasando?
A la salida se hablaba de las maldiciones de antaño. Algunos hinchas reclamaban al padre Ricardo, otros menos creyentes al Huachano. Otros al exorcista.
Los que creemos en Alianza y no en huevadas, solo pedimos actitud, y huevos para ganar.
¡ARRIBA ALIANZA TODA LA VIDA!
Fuente: COMANDOSVR.COM 
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